Radicada en México desde la década de los años 40, Carrington adoptó y enriqueció su imaginario con influencias del misticismo prehispánico, las tradiciones esotéricas y la literatura fantástica. Sus piezas —habitadas por seres híbridos, símbolos arcanos y paisajes oníricos— revelan un universo íntimo donde lo irracional y lo lógico coexisten en armonía, cuestionando las fronteras entre el sueño y la vigilia, lo animal y lo humano, lo visible y lo oculto.
Su obra plástica abarca pintura, escultura y litografía, siendo estas últimas una extensión natural de su lenguaje visual, en las que el detalle y la precisión gráfica potencian sus narrativas. Leonora Carrington no solo dejó un legado artístico invaluable, sino también una voz única que defendió la autonomía creativa y la representación del universo femenino en el arte.