Rodrigo Garagarza desarrolla una práctica escultórica centrada en la exploración de la geometría, la tridimensionalidad y la relación entre forma y espacio. Con formación en arquitectura y estudios posteriores en arte en Europa, su obra se sitúa en un punto intermedio entre estructura y composición, donde cada pieza responde a un orden preciso y a una búsqueda constante de equilibrio.
Su proceso parte de la construcción manual de modelos que posteriormente traslada a materiales como el metal, conservando la claridad formal y la tensión espacial de sus primeras aproximaciones. La influencia arquitectónica se hace evidente en su trabajo, no solo en la estructura, sino en la manera en que sus esculturas dialogan con el entorno.
Desde 2011, ha desarrollado un cuerpo de obra que abarca desde piezas a escala hasta intervenciones de mayor formato, integradas en colecciones privadas en México y Estados Unidos. Su trabajo ha sido presentado en espacios como el Palacio de Minería, el Museo de Arte Contemporáneo de Querétaro y el Museo de Antropología de Xalapa, entre otros.