Sus piezas operan como anotaciones al margen. Comentarios, interrupciones, gestos que se infiltran en la imagen para alterar su estabilidad. Lo clásico deja de ser autoridad y se vuelve material disponible: algo que puede ser reescrito, desplazado o incluso contradicho.
En este proceso, la imagen no se destruye, se incomoda. Aparecen signos, trazos y fragmentos que rompen la lectura lineal, introduciendo una duda persistente: ¿qué tanto de lo que vemos fue realmente así?
Romero no busca actualizar la historia.
Le agrega notas.